Quienes tienen una buena cantidad de autos antiguos lo saben bien: mantener la flota en buen estado es un desafío, especialmente con aquellos que casi no salen del garaje. Ese es el caso de mi querido Escarabajo Itamar. En 2024, apenas recorrió un total de 300 kilómetros. Esto, querido lector, es un problema, porque, como cualquier entusiasta automotriz sabe, un auto parado se estropea más que uno en uso constante.
Ahora, en 2025, estoy tomando medidas para que deje de ser un objeto decorativo y vuelva a cumplir su propósito sobre ruedas. ¿El primer paso? Cambiar el aceite. Sí, aunque solo recorrió 300 kilómetros, el aceite ya estaba más cansado que yo un lunes después del carnaval. Hay quienes recomiendan cambiarlo cada seis meses, pero para mí eso es exagerado. Un año es más que suficiente.
El segundo paso fue jubilar los horribles neumáticos diagonales que tenía el auto. Y cuando digo “horribles”, no exagero. No hablo de estética, sino de funcionalidad. El coche es simplemente insoportable con ellos. Esos neumáticos llegaron como una solución temporal hace... seis años. Temporal, claro, al mejor estilo “que se queden hasta que aguanten”.
El Escarabajo Itamar, la última generación de Escarabajos brasileños, originalmente venía con neumáticos radiales. Lamentablemente, encontrar neumáticos radiales en las medidas originales hoy en día es casi una misión imposible, digna de Tom Cruise. La solución fue optar por los neumáticos Nankang 165/80R15, que tienen medidas similares y no me van a dejar tirado —o sin ruedas.
Ah, y ya que estamos en el tema, vale una opinión personal. Los gustos son como los faros del Escarabajo: cada uno tiene los suyos. Aunque me parece interesante el estilo, no soy fanático de los Escarabajos bajos ni con ruedas anchas. Pero, como dicen por ahí: ¡viva la diversidad!.
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