Era un domingo cualquiera. Me desperté, tomé mi café y, como siempre, salí a dar una vuelta con el Road Runner. Nada especial, solo un día tranquilo disfrutando al volante.
Hasta que mi amigo Neto me envía un mensaje: “Están haciendo una carrera de aceleración en el autódromo, ¿vamos?” Y allá fui, pensando que solo sería para mirar y reír con los amigos que tenían autos preparados en la pista.
Pero, claro, esos “amigos” no pierden la oportunidad de lanzarte al ruedo. Empezaron a provocarme: “¡Pon el Road Runner en la pista también! ¡Va a ser divertido!”
Miré mi auto. Original, pesado y para nada preparado para estas aventuras. Cualquier persona sensata habría dicho “no” y seguido comiendo palomitas en las gradas. Pero yo… yo dije “sí”, porque la sensatez nunca ha sido mi fuerte.
Y así fui desafiado en los 201 metros por una Amarok bien tuneada y con tracción integral. ¿El resultado? Naturalmente, recibí una paliza que aún resuena en mis oídos. Desde la largada, ella salió disparada porque yo arranqué con bajas revoluciones por miedo a que mi auto patinara. El llanto es libre. Fui humillado, derrotado y —lo admito— fue bastante gracioso. Puedes ver mi vergüenza en el enlace https://www.instagram.com/revson_ribeiro/reel/C_8eLTVPXf5/ y el post-derrota en el video de YouTube más abajo. Rían sin moderación.
¿Y saben una cosa? Es parte de la vida. Que lance la primera piedra quien nunca se haya metido en un lío con estilo.

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